17 septiembre 2006

Hasta siempre



Hace unos siete años escribí este texto. Estaba en último año de universidad:

Todo empieza y todo acaba. A veces deseamos que todo hubiera empezado antes. A veces, que nada hubiera sido igual. Hay veces en que todo termina sin haber empezado. Y en ocasiones, lo que termina nunca debería haber existido. Pero lo importante es lo que hay en medio. Respira, y sé feliz. Y haz feliz a alguien. Aunque el fantasma de la soledad aceche. Aunque la soledad sea lo único que nos quede.

Recuerdo que la soledad no me acechaba cuando lo escribí. De hecho, me siento afortunado al no haber sido nunca acechado por ella. Un día, Bernardo Atxaga dijo que él escribía a través de un fantasma interior que no entendía de estados anímicos. Sin duda, es el primer punto que tendría que tener claro alguien que trate de crear textos literarios.

Yo, por supuesto, no tengo ese don, y no sé escribir a través de ese fantasma interior. Siempre he utilizado las palabras para pensar en todo aquello que no podía sentir. Sin embargo, desde hace un par de meses mi vida ha dado un giro deseado (para mejor, para mucho mejor). Y ya no siento la necesidad de escribir, al menos como antes. Y ya no tiene sentido escribir ciertas cosas. Y creo que cada vez tengo menos cosas interesantes que decir. Y me apetece más sentir que pensar. O escribir.

Quién me lo iba a decir: a mis treinta años... y buscando fantasmas.

No sé si ésto es un adiós o un hasta pronto. Sí sé que sin vuestro aliento diario me hubiera sentido menos bien. Y, aunque eche el candado, seguiré visitándoos en vuestras casas que, ¡qué osadía!, también considero un poquito mías.

Próxima parada... vosotros.

(Por cierto, Solojose, ya ves que te he copiado el método; echo de menos leerte).


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Ecos... Dominique A, L'Horizon

09 septiembre 2006

Lienzo

Situarse frente a una hoja en blanco con la firme intención de escribir es como situarse frente a un lienzo vacío. La primera vez que vi un lienzo en blanco expuesto en un museo fue hace ya muchos años, cuando el Museo de Bellas Artes de Bilbao era gratuito. Recuerdo que la fecha del examen de selectividad se acercaba, pero un compañero de clase y yo decidimos ir a visitarlo. Al verlo, comenzó a reírse. Se sintió tan estafado que tuvo el amago de dirigirse a la recepción para solicitar el importe de la entrada, aunque poco después se dio cuenta de que no habíamos pagado.

Sin embargo, a mí me pareció una obra fascinante. Se me ocurrieron un montón de interpretaciones, y lo mejor de todo es que todas ellas tenían algo que ver con mi vida. Por fin había un artista que no hablaba de sí mismo, ni para bien, ni para mal. Tan sólo nos cedía la palabra y el reto de vernos reflejados en su arte. La experiencia, en efecto, puede resultar aterradora.

Me gusta pensar que algún día publicaré un folio en blanco en este blog. Desde luego diría mucho más sobre mí de lo que dicen mis palabras. Aunque me encanta, hay veces en que me cuesta mucho jugar con ellas. Cuando se trabaja con un lienzo uno se puede permitir el lujo de crear un trazo más intenso, más visible que el resto. Incluso si nos sentimos animados, podríamos dejar que el color se colase en nuestra obra. Así, sería fantástico verlo todo de color de rosa durante el proceso creativo. Pero, en ciertas ocasiones, las palabras pueden ser tan hermosas que hieren por dentro. Y puede ser que el lector no quiera sentirse dichoso.

"Escribir" un folio en blanco es lo más parecido que existe a escuchar.

Pero me obsesiona el orden de las palabras. El orden y el concierto. Al fin y al cabo, uno no puede escapar de sus instintos más primarios. Jamás tendré pulso para crear trazos hermosos. Y de vez en cuando insignes escritores, como Robert Laxalt, me tiran de las orejas, porque adjetivar tanto destruye el decoro. Se nota que tenía alma de periodista.


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Ecos...The Brian Jonestown Massacre

06 septiembre 2006

¿Huimos o esperamos sentados?

"Al final es imposible no convertirse en quien los demás creen que es"

Julio César

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Ecos... The Long Winters

03 septiembre 2006

Astros


Ya no hace frío
en el país de los cinco astros:

Astro visible,
calentando las pieles
de los que aquí respiramos;

Astro encorvado
por la carga perenne
del olvido;

Astro que brilla
con la dulzura
del sexo;

Astro dormido,
entre sábanas de perfume.

Astro,
tus ojos,
mi vida.

Y aquí mis brazos,
que añoran tu cintura.