30 abril 2006

Sueño #10

Cuando vio a Oscar Jaenada en Noviembre, dejó de sentirse incomprendido. Aquella película marcó un antes y un después en su vida. Representaba el arte dentro del arte, un actor novel dentro de la piel de otro actor que soñaba con hacer lo que más le gustaba: crear en los espectadores estados nunca antes sentidos, o despertar aquellos que yacían aletargados. Dicho de otra manera: remover conciencias. “Oscar Jaenada es un animal interpretativo, una mala bestia”, pensó.

Él siempre ha tenido buen oído para la música. Es capaz de diferenciar las distintas líneas melódicas que componen una canción y, lo que es más importante, se emociona cuando una buena melodía se acomoda en esa especie de sexto sentido que ha desarrollado para ella. Hace años, muchos años, pidió a sus padres que le regalaran una guitarra española. Eran los primeros años noventa, la época del “menos es más”: “Con cuatro o cinco acordes podía llegar lejos”, pensó. Y cuatro o cinco acordes aprendió. Los machacó sistemáticamente en el mástil de la guitarra, pero se cansó pronto. Pensaba que la separación de las seis cuerdas de nylon con respecto al mástil era demasiado grande. Al fin y al cabo, él sólo quería ser un buen guitarrista rítmico…

Unos años después compró una guitarra eléctrica bastante barata. El cuerpo de la guitarra tenía la misma forma que el de una Fender Telecaster. “¡Qué distinto es su tacto!”, pensó. Ya no tenía excusas para intentar expresar lo que sentía mediante un pentagrama –era un decir… “¿para qué estudiar solfeo? ¿Acaso los mejores guitarristas no tocan ‘de oído’?”, pensó- Siguió intentándolo durante meses, pero no logró convencer a sus amigos para formar un grupo que les sirviera de vehículo para cumplir el más preciado de los sueños de adolescente: formar una banda de rock. Tan sólo uno de ellos se animó a comprar un bajo rojo de segunda mano, aunque sin amplificador. “Así no vamos a ningún lado”, pensó. En aquel momento desconocía que dos vecinos suyos, en Donostia, acababan de grabar “Un soplo en el corazón” con un bajo, una guitarra… y una caja de ritmos. Y mucho talento.

Él aún sueña con ser un buen guitarrista. Quizás no tenga mucha técnica, pero cree que es capaz de emocionar a la gente que le escucha. Por eso, un par de tardes por semana se encierra en su cuarto, coge su raqueta de tenis reciclada para la ocasión con cinta aislante para colgar al cuello, enciende el equipo de música y sueña con ser J, de Los Planetas, arrastrando su voz y rompiendo corazones.

The show must go on.


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Ecos... Los Planetas, "David y Claudia"

28 abril 2006

Temprano, temprano

Susúrrame
al oído
historias imposibles,

como la que narra
la victoria
del Sol
ante la armada invencible
del frío estival,

pues es por la mañana,

temprano... temprano,

cuando te rozo
y todo adquiere
sentido.

27 abril 2006

Maisua


Donostia, velódromo de Anoeta, 1976. Le imagino mirando al suelo antes de rasgar la guitarra. Se detiene un momento y adapta el micrófono a su posición. Su mano, nerviosa, choca con él.

Los primeros acordes son trémulos. La voz también le tiembla...

Hegoak ebaki banizkion...

...y ya no hay vuelta atrás. El público aplaude.

Y le lleva en volandas.

Tan alto como el pájaro que describe en la canción. Cada vez que la oigo se me ponen los pelos de punta.

Eta nik... txoria nuen maite.


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26 abril 2006

El paso del tiempo


Mundakan, 2006ko apirilaren 13an.

Aportación histórica de Ángel:

"En la Edad Media el Jauntxo de Mundaka era Ruy Sánchez de Mundaka, que tenía su imponente Torre en la Atalaya de Arriba y que fué destruida en 1446 por el Señor de Butrón. Algunos blasones -escudos de estas familias- perduran por las calles."

Ven a esperar a mi lado

Prodigiosa mañana de domingo,
ven a esperar a mi lado.

Llegas al fin,
como la sapiencia que sólo alcanzo
arrastrando mis principios
hasta el lecho de la locura.

Llegas consumiendo horas
a jornada completa,
en su esplendor inventado.

Llegas, poderosa,
como la urbe que profana la dehesa,
como el enjuto cercado
que limita mi mente.

Y tal y como llegas...

te vas.


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Ecos... The Velvet Underground

25 abril 2006

Microrelatos

Hoy os dejo muy bien acompañados...

"Mi hermano", de Rafael Novoa (Premio Faroni en 2002)


Nunca le perdoné a mi hermano gemelo que me abandonara durante siete minutos en la barriga de mamá, y me dejara allí, solo, aterrorizado en la oscuridad, flotando como un astronauta en aquel líquido viscoso, y oyendo al otro lado cómo a él se lo comían a besos. Fueron los siete minutos más largos de mi vida, y los que a la postre determinarían que mi hermano fuera el primogénito y el favorito de mamá. Desde entonces salía antes que Pablo de todos los sitios: de la habitación, de casa, del colegio, de misa, del cine —aunque ello me costara el final de la película. Un día me distraje y mi hermano salió antes que yo a la calle, y mientras me miraba con aquella sonrisa adorable, un coche se lo llevó por delante. Recuerdo que mi madre, al oír el golpe, salió de la casa y pasó ante mí corriendo y gritando mi nombre, con los brazos extendidos hacia el cadáver de mi hermano. Yo nunca la saqué del error.


"Cáncer", de Fernando di Tomasso

Hacía meses que mi padre no se levantaba de la cama. Yo tenía siete años y me habían prohibido verlo más que un ratito, una vez al día; pero me colaba en su cuarto cada vez que podía. Una mañana, bien temprano, me escabullí y lo encontré viejísimo, llorando sin ruido, casi sin mover la cara. Me dijo que no me asustara, que el monstruo se había ido, pero que tenía que traerle la escopeta, por si volvía...
Cerca del mediodía, estaba ayudando a mi madre en la cocina cuando escuchamos el disparo... ¡papá mató al monstruo!, grité.


"Retorno", de Pablo Echart Orús

He decidido recuperar mi tiempo. Empezaré por los recuerdos. Soy un conocido futbolista, me deslizo con rapidez por la hierba, avanzo con el balón entre las piernas, regateo a dos, tres defensas, disparo con la zurda y el balón se cuela por la escuadra de la vieja máquina de coser de mi madre. Mi hermana entra y dice que basta ya de golpes con la pelota de tenis, que me esperan todos en la mesa. Fin del partido. Bajo el interruptor, se apagan los focos y cae la oscuridad sobre la moqueta verde de mi cuarto.Tengo treinta años, un buen empleo y una casa, pero un dolor me oprime el cuerpo y, cuando llegue la noche, mi madre no vendrá a la orilla de esta cama para rezar las antiguas oraciones.


"Se supo viejo", de Vicente Ferrer

Se supo viejo, definitivamente acabado.

Empezó a morirse el día que vio arrugadas las mujeres tatuadas en sus brazos.


"Ah", de Vicente Ferrer

Los deseos que dejan de cumplirse porque los mendigos han sacado las monedas de las fuentes.


"Siempre hay una disculpa antes de salir a beber", de Jesús Alonso

Me compré una barra de bar porque quería dejar de salir a beber por ahí. Nada más montarla, me puse a un lado de la barra y pedí una cerveza. Fui al otro lado y pregunté: "Con alcohol o sin alcohol?" Me cambié otra vez de sitio y contesté: "Con alcohol, imbécil!" "Imbécil será usted!", me respondí. "A mí nadie me trata así", contesté, "me voy a otro bar". Al salir di un portazo. Allí quedó el otro con su mierda de negocio.


"Despertar", por Norberto Costa

Despertó cansado, como todos los días.
Se sentía como si un tren le hubiese pasado por encima.
Abrió un ojo y no vio nada.
Abrió el otro y vio las vías.


"Amor a la literatura", de Luis Hervás Rodrigo

Desde pequeño siempre había tenido esa obsesión por los libros, una obsesión a la que sus padres contribuyeron de un modo decisivo, mostrándolo los beneficios que la literatura le podía proporcionar. Devoraba cualquier volumen que cayera en sus dominios, sin importar tema o autor: geografía, Historia, Ciencias, Poesía...todo lo asimilaba de una manera compulsiva, y entraba, sin remisión, a formar parte de su ser. Buscaba por las estanterías de la amplia biblioteca los ejemplares más voluminosos, con los cuales se entretenía por un periodo de tiempo relativamente largo, y cuando los terminaba, volvía, ansioso, a por otro.
Desgraciadamente, la adquisición de un nuevo spray antipolillas acabó cierto día con su ilustrada vida, cuando aún no había acabado de engullir completamente, una interesante descripción del motor de combustión en la Enciclopedia Británica.


"Atún", de Rafael Rodríguez

Atún. Me encanta el atún. Como bocadillos de atún a todas horas. A veces pienso que debo tener el récord mundial de bocadillos de atún comidos y me siento orgulloso por ello. En ocasiones también pongo mahonesa y aceitunas y tomate de ensalada y cebolla en vinagre e incluso lechuga y carlota.
Pero desde hace unos días algo ha cambiado. También como sobrasada y cocido de arroz y la culpa es de ella. Es tan guapa que me ha hecho olvidar el atún. Nunca pensé que fuera posible, pero ha ocurrido y tengo que asumirlo. Cuando escucho su voz es como el tierno crujido que inundaba mis oídos al mordisquear levemente el pan con atún.
Sí, lo reconozco, he conocido a alguien que me gusta más que los bocadillos de atún.


"Se vende", de Natalia Pérez

Al salir esta tarde del cine, me he quedado de una pieza al oír a una vendedora de cigarrillos que ponía en venta mis lágrimas. No daba crédito a sus gritos que, sin embargo, no parecían impresionar a los demás transeúntes. Levanto el cuello de mi abrigo y camino hasta casa tratando de no darle importancia. Pero en la carnicería de la esquina ha llamado mi atención una brillante asadura que lucía colgada de un gancho de acero y ostentaba en un mugriento cartelito su procedencia: era mi nombre. Subo las escaleras de dos en dos y, ya en casa, entreabro temerosa mi abrigo: descubro un hueco donde debía estar mi vientre. Como ya me parece demasiado corro a buscar confirmación en el vecino de enfrente. Después de aporrear su puerta me abre y, con un ejemplar del ABC en la mano me dice encantado que vaya suerte la mía, resulta que mi esquela es la más grande y ostentosa del diario.


"Bellísima", de Edmundo Kulino

Mamá, muerta, estaba verdaderamente hermosa. En tiempos mejores le había prometido el más grande funeral. Ahora, la falta de efectivo no iba a cambiar esa promesa.
Limpié la sangre del cuchillo y salí rápidamente para asaltar la droguería de la esquina.

Nota a los autores: he publicado los relatos por su valor literario. Aun así, si por casualidad alguno llega hasta este blog y no desea ver su relato, en la columna de la derecha encontrará mi e-mail y, pidiendo disculpas de antemano, procederé a borrarlo. Gracias.

23 abril 2006

Paisaje, sosiego, atardecer

Dulce sombra que me asombras,
sacro tiento que me tientas.
Angosta luz que luces viva,
entre las ramas rema el día.

Azul cielo de cieno y breva
y los rosales en primavera
besan el viento con donaire
cuando las horas, oro valen.

20 abril 2006

Elurra


Elurra
abenduako loreak
bezalakoa da.

La nieve
es como
las flores de diciembre.


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Ecos... Mazzy Star

Contemplando vapores


¿Viste morir la
niebla en el horizonte?
Yo estaba allí,
compartiendo
su vaporosa
textura,
la fuente medicinal
que alivia
mis días de
hastío.

El cielo me guiñó
un ojo
y la aurora
exhibió
su sonrisa
anaranjada.

Añoro la niebla,
añoro los días
en que me acompaña
en la carretera
y me muestra
sólo lo que ella
me quiere enseñar.

La noche se torna
cálida y acogedora
y al llegar
a casa
me sumerjo
en el mar
de tu quietud,

suave,

tiernamente
tejido.


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Ecos... Françoiz Breut

19 abril 2006

Nostalgia

Hacía tiempo que no me paraba a mirar el cielo,
sobre todo de noche,
cuando la helada que conserva los pastos
se confía, simétrica, al candor de las estrellas.

No hay nada como el cielo de domingo
mientras algún avión despreocupado
refuerza mi autoestima
haciéndome creer que Dios me está guiñando un ojo.

A veces es bueno retomar las viejas costumbres,
incluso sentir nostalgia,
y volver durante un solo instante
a aquellos días en los que soñaba más de la cuenta
y no tenía miedo de mostrar al mundo
el más recalcitrante de los romanticismos.


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Ecos... Silver Jews

18 abril 2006

Haiku

Cuánta ternura
envías los miércoles
en bolsas cian.


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Ecos... Brian Eno

El misterioso viaje del tanga rosa


Hola, chicos y chicas. Ya veo que el que escribe en este blog decidió contar ayer mi historia, y en efecto, en muchas cosas está en lo cierto. El sábado, ya de madrugada, mi dueña accedió a pasar el fin de semana con la persona que acabó tirándome por la ventana. Nada más llegar a casa, en un arrebato de pasión y lujuria, los amantes decidieron que yo estaba de más, y me tiraron al suelo. Allí fui acosado por una nariz húmeda y un morro peludo que me olisqueaba sin parar. Nunca había visto nada semejante, pero el amiguito de mi dueña no hacía más que decirle: "¡Lárgate, chucho, o mañana no te saco a la calle!". La mañana del domingo, esperanzado después de recibir mi baño diario junto a tres pares de calcetines, una camiseta verde, un pantalón marrón, una toalla de ducha y dos pares de slips, no pudo acabar peor. El manazas, después de ponerme una pinza, me dejó caer a la terraza del piso de abajo. Allí estuve solo y desamparado hasta que el amable vecino me recogió y me colgó aquí, a ver si me ven y vienen a por mí. No sé vosotros... Yo he perdido la esperanza. Estoy por preguntarle al buen hombre si no le importa que entre a formar parte de su vestuario, pero tengo la sensación de que no soy su tipo...

Seguiremos informando.

Firmado: El tanga rosa.

17 abril 2006

Tanga


Me asomo a la ventana y veo cómo un vecino, que no tiene más de veinte años, tiende la ropa. El edificio donde vive se ha quedado prácticamente vacío debido a las vacaciones de Semana Santa. Incluso él parece haberse quedado solo en casa. Tiende una toalla de ducha, una camiseta verde, un pantalón bastante ancho de color marrón... y de repente, por arte de magia, coge una prenda rosa. La mira con curiosidad. Sin duda no sabe cómo tenderla. Gira entre sus manos, nerviosa, y comprueba, atónito, que la famosa ley de Newton no funciona sólo con una manzana, sino también con el tanga de su chica.

El tanga se precipita lentamente al vacío, desde el tercer piso, hasta la terraza donde acabará descansando. Vuelvo a mirar hacia arriba y el chico, incrédulo, no encuentra un explicación razonable ante lo que ha pasado. Yo lo veo todo mucho más claro: pocos tangas ha tendido hasta ahora. Después sonríe y se mete de nuevo dentro de casa. Parece decidido a contárselo a su acompañante. Probablemente ella está en el sofá con uno de sus pijamas. Él le dirá que se le ha caído su tanga a la terraza de la vecina. Ella le responderá que es el único que tiene, así que ya puede ir bajando a por él. Él sugerirá que es mejor dejarlo allí, pues sus padres no están y la vecina se dará cuenta de que no ha perdido el tiempo durante el puente, con el consiguiente riesgo de que su madre se entere. Ella le dirá que no es su problema, que le resulta incómodo volver sin tanga a casa, y más aún, que en su casa se darán cuenta de que falta un tanga cuando hagan la próxima colada de ropa oscura.

Sé que cualquiera de estas excusas se convierten en menudeces con el paso del tiempo. La vecina sabrá lo que pasó, pero jamás dirá nada. Pero cuando alguien hace algo a escondidas, cualquier precaución es poca.

Quizás en ese momento él la abrace, le diga que no se preocupe y le prometa que han sido dos o tres días maravillosos, de los que no se olvidan. Entonces ella se alegrará de estar entre sus brazos y le dará un beso muy dulce. Él notará en su aliento el sabor a sueño, le tomará las manos y la llevará de nuevo al campo de batalla.

Al fin y al cabo, un tanga rosa no es más que eso.

Han pasado ya un par de horas... y el tanga sigue en la terraza. Sabe que nunca volverán a por él.

16 abril 2006

Diecisiete

(uno)

Si me detengo
perderé todo lo encontrado
en el camino:
un billete de tren usado,
la medalla de honor a la paciencia
y la algarabía de los niños.

(dos)

Tu
mirada
es
infinita.

Tu mirada es infinita.

Tu

mi
ra
da

es

in
fi
ni
ta

(tres)

Respóndeme:
¿existe alguien
más feliz que yo?

.

La memoria
del otoño.

(cuatro)

Deja que te abrace
hasta que la mañana
nos atrape.
Si lo deseas,
oiremos caer la lluvia
y contaremos hasta cinco.

(cinco)

Recuerdo cuando éramos puros.
Tú querías a otro
y yo quería
dormir con vosotros.

(seis)

Temo a los amantes
cuando mis sentidos
no responden.

(siete)

La rutina
siempre llama a tu puerta
cuando aún duermes,
boca arriba,
conmigo a tu lado.

(ocho)

Despacio,
desnúdate despacio.
Quiero olvidar
que tengo frío.

(nueve)

La luna,
esa extraña desconocida.
Incluso yo pude vistarla
en una ocasión,
pero preferí viajar
a lugares más inhóspitos.

(diez)

Se me hiela la sangre
cuando sonríes.
En ese momento
me doy cuenta
de que no estoy vacío
por dentro.

(once)

Despierto
para darme cuenta
de que lo recordaba todo
mientras dormía.

(doce)

Squeeze me;

Sorry?;

excuse me.

(trece)

Un telar de almas.

No es la moda
de temporada;
es la forma
de aliviar
el hastío.

(catorce)

El hastío:
un semáforo
en rojo
a las puertas
de la conciencia.

(quince)

Vislumbro
una vida maravillosa,
repleta de amor
y de dicha
y de...

introduzca otra moneda

(dieciséis)

El cielo
es el plano irreal
de un mundo simétrico
e imperfecto.

(diecisiete)

Todo se apaga,
se hace de noche
y es mejor
dejarlo estar.


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Ecos... Manta Ray

15 abril 2006

Un poema desde el norte


Un poema desde el norte,

desde la tumultuosa costa
que protege al interior,

desde la orilla del mar.


Y desde el norte,

unos versos indulgentes,

como la brisa que rejuvenece
mi descanso,

como la arena que seduce a mis talones,

como tu piel de pomelo.


Un poema desde el norte,

con el recuerdo de sus gentes
como paisaje implícito.


Y en el norte...

el tiempo se detiene.

13 abril 2006

Tierra y mar

En 1239...


... alguien jugó a los dados y ganó: nació la villa de Bermeo.

Imagino que sus diecisiete mil habitantes no pueden vivir sin el mar, tan cantábrico él, tan verde opaco. Tampoco sin su aroma: salado, puro y evocador, oxigenado.

Todos los pueblos costeros emanan un olor especial, y en ellos tu cuello sigue siendo el mismo.

Veinticuatro horas

De madrugada,
cuando el aire
contagia al rocío,
te espero.

Sin más compañía
que la soledad
de una bossa impoluta
escucho mis pasos
expandiendo la nada.

Por la mañana,
la impaciencia
y el destemple,
la imagen punzante de
tus caderas.

Y los sueños,
eternamente en vilo,
aguardando el momento
de adentrarse en tus sueños.

El sol disfraza la tarde
de tenue luz blanca,
como el manto de enero.

Tu recuerdo es la urbe sin nombre
donde contemplo
los esquivos colores del cielo
reflejados en las ventanas.

La noche lo inunda todo,
hasta las estatuas de los héroes.
La noche,
ya tarde,
se viste de hada.

12 abril 2006

Un templo gastronómico


Bergara Taberna Gros aldean kokatuta dago, General Artetxe kalean, hain zuzen ere.

Zeruaren sustraiak (las raíces del cielo)


(Donostian, 2006ko apirilaren 11n)

11 abril 2006

Azar


Lúcida
es la distancia
que separa
mis días
de un pasado
sin sentido,

desnuda es
la espera,
fértil y
agraciada.

El azar,
si no se despista,
nos sorprenderá
desprevenidos
y encenderá
sus focos
para perfilar
nuestros sueños.

En la cumbre
del olvido,
el fin del
principio,
el desayuno inerte
de las almas
empáticas.

Brindo por ello
y rezo
para que el azar
siga siendo
azar.

Aunque nos cambie
la vida.

09 abril 2006

Consciencia


Tengo la sensación de estar perdiéndome algo importante, y he llegado a la conclusión de que no basta con estar atento hasta sentir que el tiempo se harta de mí. Cada vez que te miro a los ojos siento que un exceso de responsabilidad me hace perder el pulso y la ilusión por aceptar las imperfecciones que hace ya mucho te resultaron graciosas. Ahora sé que estabas a punto de quererme por lo que hubiera podido ser...

(y no soy)

07 abril 2006

Sindicatos y trabajadores

Hoy, los sindicatos ELA, LAB, UGT y LSB-USO han convocado la segunda huelga del año en el sector del comercio vizcaíno, y mientras paseaba por Bilbao he visto un detalle curioso. Me he topado con los piquetes de la huelga, y al pasar con sus silbatos, megáfonos y octavillas, las tiendas iban cerrando las persianas. Cuando el piquete informativo se alejaba del local, éstos volvían a abrir sus puertas.

Creo que corren malos tiempos para el sindicalismo. En mi opinión, su peso específico dentro de la sociedad ha bajado considerablemente, y yo lo achaco al horrible conformismo que nos rodea hoy en día. Tengo la sensación de que no presionan todo lo que deberían para beneficiar a los trabajadores.

También tengo la impresión de que cada vez somos más rehenes de unos agentes llamados bancos, que nos tienen anestesiados para los próximos 20 ó 30 años. La situación laboral en España es difícil, no sólo para encontrar trabajo, sino en lo referente a las condiciones laborales. No sé si conocéis a amigos o familiares que trabajen en Media Markt, o Ikea, por ejemplo -son los dos casos que conozco yo-: horas extra sin pagar, imposibilidad de poder acceder a vacaciones en determinadas épocas del año (los peak days son una lacra)... Un amigo, trabajador de Ikea, me dijo hace poco que la tienda que tienen en Barakaldo destinaba el 6% de sus beneficios a sueldos, y se preveía un recorte de plantilla porque gastaban el 7%... En esta empresa en concreto, sólo el 10% de sus 400 trabajadores disponen de un contrato a jornada completa. Por supuesto que jamás volveré a poner los pies en este sitio. Y si todos los que pensamos que esta es una actitud insultante hiciéramos lo mismo, tendríamos más poder del que en un principio pensamos.

Los sindicatos se mueven poco, y los trabajadores aceptan condiciones laborales precarias. No me extrañaría nada que el modelo alemán, el que paga 1 euro la hora de trabajo como complemento al subsidio de desempleo que paga el estado -es gracioso: no hay trabajo, pero pagando 1 euro la hora sí...-, se acabara instaurando aquí. En el fondo, tenemos lo que nos merecemos.

06 abril 2006

Suposiciones

Supongamos que es jueves, a media mañana. Supongamos que me encuentro en un lugar paradisíaco. La temperatura es ideal: 26 grados. El cielo es tan azul que duele mirarlo. Estoy en una terraza, a orillas del mar. Junto a la terraza hay una playa, pero está vacía. Supongamos que ahora mismo, querido lector o lectora, sientes tanta envidia que desearías estar conmigo en este lugar sin nombre.

Deseo concedido.

Cambiaré la escena. En la terraza aparece una mesa de cristal amplia y redonda. En ella hay un sitio para ti, tan cómodo como los días de enero entre mantas. Supongamos que en este preciso momento todos leemos estas líneas. Eso significaría que estaríamos sentados alrededor de la mesa, juntos al fin. Supongamos que mañana ninguno de nosotros debe ir a trabajar y que tenemos todo tipo de comodidades; charlamos amistosamente y cuando alguien hace una señal se acerca una persona, supongamos que es Lucía Etxebarria, para cambiar nuestro vodka con naranja, ya sin hielo, por otro nuevo. Si quieres puedes escoger a otra camarera o camarero: recuerda que estás en tu historia; yo siempre he fantaseado con que Lucía Etxebarria me prepara cubatas al lado del mar.

Ahora que todos estamos caracterizados en escena, me tienes que disculpar, pues debo levantarme de la mesa y subir a mi habitación para escribir este relato. De vez en cuando volveré a la terraza para colarme en tus conversaciones, aunque quizás pueda oírlas desde arriba. Si quieres, supón que así será, pero disfruta del momento, por favor. No todos los días ocurren milagros, y hoy el milagro consiste en abrir los brazos y dejar que el aire cálido abrace tu cuerpo.

Cuando entro en la habitación ella aún duerme. Sigue desnuda, tal y como la dejé, y la sábana que la cubría ha ido descendiendo atraída por el magnetismo de sus caderas. Me quedaría horas enteras sentado a los pies de la cama, contemplando sus largas pestañas, siguiendo el ritmo de su aliento. Entonces se decide a cambiar de postura, un síntoma inequívoco de que el día también amanece para ella. La emoción se apodera de mí, tanto que se me seca la boca. Me cuelo entre sus piernas para humedecer mi lengua en el fulgor de su sexo. Después continúo el viaje hacia el norte. Me sitúo frente a su rostro y le doy los buenos días. También le digo que la quiero. Ella me mira risueña, bosteza y vuelve a cerrar los ojos. Cuando los abre de nuevo sé que mañana volverá a ser otro día de suposiciones.

05 abril 2006

Laztanak (caricias)

Vámonos


Estación de Bidebieta-Basauri. Hoy el tren llega con algo de retraso, pero acaba apareciendo, sólo cinco minutos más tarde de lo esperado. Me siento cerca de una pareja de origen sudamericano. Aunque son jóvenes, cuando sonríen las arrugas conquistan sus rostros. Es un contraste curioso, cómo las arrugas que regala la vida matizan una sonrisa plena y llena de felicidad. Y son arrugas perennes, testigos de un viaje muy largo para asirse a un futuro más próspero. Eran arrebatadoramente bellas.

El chico saca del bolsillo del pantalón un llavero plano, un detalle de una conocida marca de cerveza. El llavero es extensible y contiene un líquido azulado en su interior. Hacía tiempo que no veía uno de esos juegos: líquidos y bolitas y un laberinto que pone a prueba la destreza y la paciencia del osado viajero. Me pareció una bonita forma de matar el tiempo, a pesar de que el momento de relax lo patrocinara San Miguel. Pero, ¿qué más da a qué juegues cuando lo único que deseas es estar a gusto con la persona que te hace feliz?

Parecían dichosos, felices en su nuevo contexto, despreocupados de todo, incluso del vaivén del último vagón. Yo les miraba embobado, con los auriculares puestos, la música de Calexico sonando -"If you say let's go/if you say I'm sick of this place/I would listen to you/I wouldn't hesitate" y la sensación de no tener ni puta idea de qué va esto de sentir.


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04 abril 2006

Estoica lucha entre espacios y estrofas

Las olas rompen contra la orilla


portando en su seno

el arrebatador poso de la melancolía.




Cuando la espuma embriaga la arena

y tus tobillos beben del mar que no cesa

la tarde, bohemia, fallece de pena.






El agua extiende el sudario glorioso

que atrae el calor a las playas del alma.

La luna refleja en tu rostro

su dulce sonrisa de cuarto menguante.








Son las rocas las que se mantienen firmes

frente al perpetuo susurro que causa el ocaso.

Impasibles ante las corrientes circulares

que moldean sus miles de años de historia

rezuman quietud transformando el salitre.










Tan sólo la nostalgia me aparta de ti,

de tus ojos nacarados trastornando la brisa.

Y mientras la noche me rapta a hurtadillas

advierto la lejanía de mis propósitos,

la imposibilidad de perturbar mi memoria

con la frondosidad de tus cálidos muslos.

Reset

Reset
es el botón tangible
que acaba con todo:

si el viento
y la mar
elevan tu cuerpo,
pulsa reset.

Cuando sientas
que muere
la noche,
pulsa reset.

Si el sol
eclipsa al deseo,
pulsa reset.

Cuando los puentes
se tambaleen orgullosos,
pulsa reset.

Si el frío
quiebra la escarcha,
pulsa reset.

Mientras los barcos
violan el lago,
pulsa reset.

Cuando el ímpetu
consuma tu lápiz,
pulsa reset.

Si la gravedad
desafía a los niños,
pulsa reset.

Cuando
ya no queden velas,
pulsa reset.

Si tu nombre
se viste de blanco,
pulsa reset.

Cuando
la fuente seque
tu llanto,
pulsa reset.

Si intuyes
que he dejado
de quererte...

03 abril 2006

Tres versos de ida y vuelta


En el cénit, lugar sagrado.
Hoy me siento tan solo
que podría enamorarme de cualquiera.


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Ecos... Drive-by Truckers

Paisaje incompleto

Irteera


Ya no hay salida,

y tampoco vuelta atrás.

Hoy te quiero más que ayer...

y que mañana nunca llegue.

01 abril 2006

Poema para un imposible


(Poema dedicado a Sandra Cisneros)


Quisiera ser el susurro
que se cuela en tu cama
mientras duermes
para acariciar tu pelo,
tan negro
como el baño electrolítico
que recubre
mi más profunda admiración.

Ser como el viento
para aliviar
tus veranos,

como el agua
para despertar
tus ojos
y besar
tus pies,

como el pan recién horneado
que activa el gusto
en tu boca.

Pero creo que es imposible
porque sólo soy yo...

(no sé si me seguirás queriendo)