Hasta siempre

Hace unos siete años escribí este texto. Estaba en último año de universidad:
Todo empieza y todo acaba. A veces deseamos que todo hubiera empezado antes. A veces, que nada hubiera sido igual. Hay veces en que todo termina sin haber empezado. Y en ocasiones, lo que termina nunca debería haber existido. Pero lo importante es lo que hay en medio. Respira, y sé feliz. Y haz feliz a alguien. Aunque el fantasma de la soledad aceche. Aunque la soledad sea lo único que nos quede.
Recuerdo que la soledad no me acechaba cuando lo escribí. De hecho, me siento afortunado al no haber sido nunca acechado por ella. Un día, Bernardo Atxaga dijo que él escribía a través de un fantasma interior que no entendía de estados anímicos. Sin duda, es el primer punto que tendría que tener claro alguien que trate de crear textos literarios.
Yo, por supuesto, no tengo ese don, y no sé escribir a través de ese fantasma interior. Siempre he utilizado las palabras para pensar en todo aquello que no podía sentir. Sin embargo, desde hace un par de meses mi vida ha dado un giro deseado (para mejor, para mucho mejor). Y ya no siento la necesidad de escribir, al menos como antes. Y ya no tiene sentido escribir ciertas cosas. Y creo que cada vez tengo menos cosas interesantes que decir. Y me apetece más sentir que pensar. O escribir.
Quién me lo iba a decir: a mis treinta años... y buscando fantasmas.
No sé si ésto es un adiós o un hasta pronto. Sí sé que sin vuestro aliento diario me hubiera sentido menos bien. Y, aunque eche el candado, seguiré visitándoos en vuestras casas que, ¡qué osadía!, también considero un poquito mías.
Próxima parada... vosotros.
(Por cierto, Solojose, ya ves que te he copiado el método; echo de menos leerte).
Todo empieza y todo acaba. A veces deseamos que todo hubiera empezado antes. A veces, que nada hubiera sido igual. Hay veces en que todo termina sin haber empezado. Y en ocasiones, lo que termina nunca debería haber existido. Pero lo importante es lo que hay en medio. Respira, y sé feliz. Y haz feliz a alguien. Aunque el fantasma de la soledad aceche. Aunque la soledad sea lo único que nos quede.
Recuerdo que la soledad no me acechaba cuando lo escribí. De hecho, me siento afortunado al no haber sido nunca acechado por ella. Un día, Bernardo Atxaga dijo que él escribía a través de un fantasma interior que no entendía de estados anímicos. Sin duda, es el primer punto que tendría que tener claro alguien que trate de crear textos literarios.
Yo, por supuesto, no tengo ese don, y no sé escribir a través de ese fantasma interior. Siempre he utilizado las palabras para pensar en todo aquello que no podía sentir. Sin embargo, desde hace un par de meses mi vida ha dado un giro deseado (para mejor, para mucho mejor). Y ya no siento la necesidad de escribir, al menos como antes. Y ya no tiene sentido escribir ciertas cosas. Y creo que cada vez tengo menos cosas interesantes que decir. Y me apetece más sentir que pensar. O escribir.
Quién me lo iba a decir: a mis treinta años... y buscando fantasmas.
No sé si ésto es un adiós o un hasta pronto. Sí sé que sin vuestro aliento diario me hubiera sentido menos bien. Y, aunque eche el candado, seguiré visitándoos en vuestras casas que, ¡qué osadía!, también considero un poquito mías.
Próxima parada... vosotros.
(Por cierto, Solojose, ya ves que te he copiado el método; echo de menos leerte).








